Dificultad: Media
Objetivo: 
Conseguido
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Ese día era especial. Estábamos de celebración y no nos íbamos a conformar con cualquier cosa. Cuando supimos que la vieja cada de la familia Lemaire estaba libre, ya era tarde. No lo sabíamos todavía pero habíamos firmado nuestra sentencia de muerte. Nuestra sala 200, sería nuestra ultima sala. La misión, como tantas otras antes, era sencilla: adentranos en la casa para resolver los misterios que se escondían tras sus puertas, cerradas desde 1956, cuando un accidente tiñó de negro su historia.

Al principio, no parecía nada especial: una vieja casa, en una calle sin encanto, en un pueblo perdido. Nos llenamos de soberbia y arrogancia, y bajamos la guardia. Pocos minutos después, el horror se cebó con nosotras. Todo allí parecía querer matarnos, o peor, aterrorizarnos. Paredes que no eran lo que eran, luces que apenas llegaban a iluminar, hasta las viejas fotos parecían mirarnos amenazadoras. No podemos dar más detalles, basta decir que, cuando logramos salir, no miramos atrás.

La historia de la familia Lemaire tampoco tenía nada especial. Un accidente, una muerte, un suicidio, el motivo puede cambiar, pero la realidad siempre es la misma, las personas que sufren una muerte trágica, dejan temas sin resolver, y, nuestro equipo, se encargó de resolverlo. Solo había que ser valiente y escuchar atentamente, la casa te contaba su propia historia, y la de los que allí habitaban. Y, creedme, era difícil no oírla.

Había pistas por todas partes, una vez que logramos armarnos de valor, y asumir nuestra propia muerte, fuimos capaces de hallarlas.  Cada enigma, nos llevaba a un elaborado laberinto que resolver, y os podemos asegurar que el enigma más sencillo del mundo, allí dentro, se podía volver totalmente incomprensible para alguien que no fuera capaz de soportar tal presión. Un consejo: dejad vuestro orgullo en la puerta, en la casa, solo será un estorbo.

No podemos decir que estuviéramos a solas sinceramente, aunque tampoco seríamos capaces de describir lo que vimos. Pero de una cosa estamos seguras, aunque cumplimos la misión y salimos con vida, las cosas se pusieron muy feas La adrenalina hizo lo que nuestro cerebro no podía hacer. El miedo y la sensación de no estar solas, no siempre fueron agradables y no siempre fueron nuestra única compañía en la casa Lemaire.

¿Qué si volveríamos a pisar la casa? Sin ninguna duda. ¿Locas? Probablemente, pero felices de enfrentarnos a nuestros mayores miedos y de que nuestro paso por Manoir Escape House haya sido nuestra experiencia número 200. Una elección brillante. Y a ti, que estas decidiendo si eres lo bastantes valiente, seguramente no lo seas, pero debes estar completamente locx si dejas escapar esta experiencia, es de las que separan la paja del trigo.

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